Éste es el invierno huérfano,
ésta es la tarde de hombros caídos,
las horas que transcurren en el carrusel del tiempo,
las mismas fechas,
los mismos días
y el carrusel no cesa.
En este día de invierno y tarde,
las pupilas cansadas de divisar las palabras dormidas caen,
el carrusel del parque va quedando vacio
y el invierno le toma la mano a la tarde hecha de remiendos
para pintar más canas al viejo.
Tiempo que lleva los dientes apretados.
Tarde que se aturde con risa lejana,
la persiana que comienza a cerrarse y el sol que sigue abriéndose paso por cualquier pudor.
La vejes que llega rápido y se va paciente,
la muerte que bosteza tras el espejo.
Los dientes van cayendo
y la flaqueza se toma las memorias fallecidas.
jueves, 6 de agosto de 2009
lunes, 3 de agosto de 2009
Ausencia

Pero el silencio es cierto. Por eso escribo. Estoy sola y escribo. No, no estoy sola. Hay alguien aquí que tiembla. (Alejandra Pizarnik)
Hay una sombra detrás de mi sombra que no camina,
no hay pasos.
El mundo se derrumba y mi sombra se aquieta,
se evapora.
Hay una sombra detrás de mis palabras horrorizada.
Mi retrato cierra los ojos,
las palabras caen como subliminales,
la sombra sonríe y despierta.
Hay otro cuerpo en silencio,
sólo una sombra delgada,
sólo el silencio de mis ojos cerrados.
Hay una sombra y silencio,
la sombra que posa junto al temor sin miedo,
el faro que duerme a la orilla de un mar
desierto,
lento,
adolorido.
La crónica de mi lápiz enjaulado,
sin rostros.
Dibujo en tu espalda la imagen de mi sombra,
de mi sombra asustada,
de mi sombra sin pasos,
de mi sombra cansada que ya no me sigue,
que no me acompaña.
Mi sombra que duerme mientras yo escapo.
martes, 28 de julio de 2009
Mariposa
El cerezo ya envejecido,
el cuerpo que pesa y reza.
Hoy comienzo los pasos de mi vida,
desando los pasos de mi vida,
caigo dentro del alma de un rio,
y con ojos puestos deshago al tigre que duerme.
Hoy abandono mi selva de cemento,
dejaré a mis avecillas de papel la libertad que piden.
He mudado mis mil sonrisas
y la mariposa sigue posándose en silencio sobre mi boca.
Soy un camaleón que no respira,
soy una noche apocada y barata,
dejo caer a la mariposa en mi saliva.
Decoro la mesa y como junto al camaleón que no respira.
Hoy comienzo los pasos de mi vida,
desando los pasos de mi vida,
la noche y la mariposa sólo caen.
el cuerpo que pesa y reza.
Hoy comienzo los pasos de mi vida,
desando los pasos de mi vida,
caigo dentro del alma de un rio,
y con ojos puestos deshago al tigre que duerme.
Hoy abandono mi selva de cemento,
dejaré a mis avecillas de papel la libertad que piden.
He mudado mis mil sonrisas
y la mariposa sigue posándose en silencio sobre mi boca.
Soy un camaleón que no respira,
soy una noche apocada y barata,
dejo caer a la mariposa en mi saliva.
Decoro la mesa y como junto al camaleón que no respira.
Hoy comienzo los pasos de mi vida,
desando los pasos de mi vida,
la noche y la mariposa sólo caen.
Esta Mañana
Esta mañana el miedo canta con el gallo,
un pez muerto sigue en la pecera,
las flores marchitas y corruptas aún se mantienen en el jarrón.
un pez muerto sigue en la pecera,
las flores marchitas y corruptas aún se mantienen en el jarrón.
Esta mañana de pasto seco,
de calles eclipsadas.
de calles eclipsadas.
Esta mañana de frenéticos demonios,
de cuadros torcidos,
de globos suicidándose.
de cuadros torcidos,
de globos suicidándose.
Esta mañana de vientres demolidos y
de extraviados ecos
me reencuentra la tristeza
y el árbol otoñal de mi patio se desnuda,
encarnando el hombre de mis entrañas.
de extraviados ecos
me reencuentra la tristeza
y el árbol otoñal de mi patio se desnuda,
encarnando el hombre de mis entrañas.
Un noviembre desteñido en el recuerdo que regresa,
campana dolorosa que suena,
los nombres escurridizos que no se nombran.
campana dolorosa que suena,
los nombres escurridizos que no se nombran.
Ahora un hombre y mi mañana.
lunes, 27 de julio de 2009
El amor y el mito…
Sólo vos me sacas las ideas así,
sin necesidad del arpón rabioso del reclamo.
Sólo vos le haces el amor a mis mentiras,
esperando la oportunidad de atravesar con rabia la noche pegajosa,
la puta que pario el deseo sin nombre.
Es el silencio de una palabra,
es el asesinato de los momentos fugados que no se consumen y siempre quedan allí a la espera como fuego vampiro,
dispuesto a teñir el tedio de rojo intenso,
a desear sin memoria a una pierna inclinada,
dejando vulnerable el cuerpo moribundo
o los pezones ciegos del temblor.
Las manos que hacen el amor con las manos,
he aquí la humedad de mi lengua interminable,
regalemos mas nietos a lo locura.
Debo abrir el portón que camina,
separar los seguros,
dar más calma a la calma que espera,
dar vida a los rincones de lo incierto.
Arderán tus torres turcas en segundos,
se oirán gritos.
Romperé a martillazos tu pubis de mármol,
rasgaré con espasmos la columna,
las vísceras y la boca.
Nacerá de nuevo la calma y se hará el milagro,
se hará de nuevo el amor y nacerá el mito.
sin necesidad del arpón rabioso del reclamo.
Sólo vos le haces el amor a mis mentiras,
esperando la oportunidad de atravesar con rabia la noche pegajosa,
la puta que pario el deseo sin nombre.
Es el silencio de una palabra,
es el asesinato de los momentos fugados que no se consumen y siempre quedan allí a la espera como fuego vampiro,
dispuesto a teñir el tedio de rojo intenso,
a desear sin memoria a una pierna inclinada,
dejando vulnerable el cuerpo moribundo
o los pezones ciegos del temblor.
Las manos que hacen el amor con las manos,
he aquí la humedad de mi lengua interminable,
regalemos mas nietos a lo locura.
Debo abrir el portón que camina,
separar los seguros,
dar más calma a la calma que espera,
dar vida a los rincones de lo incierto.
Arderán tus torres turcas en segundos,
se oirán gritos.
Romperé a martillazos tu pubis de mármol,
rasgaré con espasmos la columna,
las vísceras y la boca.
Nacerá de nuevo la calma y se hará el milagro,
se hará de nuevo el amor y nacerá el mito.
jueves, 23 de julio de 2009
Dolor de dos…
Cuando me acoja de nuevo el dolor,
lo hará por dos,
Así aflorarán las lágrimas acabadas de dos.
Nacerá una demora y las palabras se esconderán,
se dolerán,
se lastimaran así mismas.
Egoístas las arrastrara el viento doloroso,
el camino rígido y las calles abatidas,
la queja más simple,
las guerras perdidas,
los pasos más cansados,
la soledad que no se acompaña,
que no se libera.
Una voz que no se sirve sola,
que se margina soñadora.
Evadir el peso de la noche que cae como una mentira,
ahora nada,
ahora nadie.
lo hará por dos,
Así aflorarán las lágrimas acabadas de dos.
Nacerá una demora y las palabras se esconderán,
se dolerán,
se lastimaran así mismas.
Egoístas las arrastrara el viento doloroso,
el camino rígido y las calles abatidas,
la queja más simple,
las guerras perdidas,
los pasos más cansados,
la soledad que no se acompaña,
que no se libera.
Una voz que no se sirve sola,
que se margina soñadora.
Evadir el peso de la noche que cae como una mentira,
ahora nada,
ahora nadie.
martes, 21 de julio de 2009
Hombre y besos.
Mi palabra es limpia y te reclama
como la noche convaleciente que cae enferma en brazos de la aurora,
te encierro en un círculo,
eres mi niño muerto.
Guardo besos fríos para rasgarte el labio,
como tu carcajada que estalla y trémula me toma,
mi ciego pasajero.
Déjate nacer de mi vientre enojado,
mis raíces de agua te ahogan, te exorcizan.
duerme dentro para descantar tu susurro,
niño de ojos marchitos que pervierte la ausencia.
Descúbrete en mi cara,
déjate caer en mí, a nadie más alcanzas.
Escuchare un beso hasta que se descosan mis oídos.
He reencarnado a la melancolía,
pluma fría que vuelve a sus recuerdos y me planta,
mano pasajera de otra ocasión,
beso que se besa amordazado en las prolíficas intenciones del labio.
He descubierto al hombre más sensible,
está en mí,
es a mí a quien se pertenece,
mi palabra abandonada,
mi pozo.
Labio que se mueve y otro beso que se derrama,
Mil relámpagos nacen.
Muere otro hombre y un beso incompleto.
como la noche convaleciente que cae enferma en brazos de la aurora,
te encierro en un círculo,
eres mi niño muerto.
Guardo besos fríos para rasgarte el labio,
como tu carcajada que estalla y trémula me toma,
mi ciego pasajero.
Déjate nacer de mi vientre enojado,
mis raíces de agua te ahogan, te exorcizan.
duerme dentro para descantar tu susurro,
niño de ojos marchitos que pervierte la ausencia.
Descúbrete en mi cara,
déjate caer en mí, a nadie más alcanzas.
Escuchare un beso hasta que se descosan mis oídos.
He reencarnado a la melancolía,
pluma fría que vuelve a sus recuerdos y me planta,
mano pasajera de otra ocasión,
beso que se besa amordazado en las prolíficas intenciones del labio.
He descubierto al hombre más sensible,
está en mí,
es a mí a quien se pertenece,
mi palabra abandonada,
mi pozo.
Labio que se mueve y otro beso que se derrama,
Mil relámpagos nacen.
Muere otro hombre y un beso incompleto.
martes, 14 de julio de 2009
Escrúpulo indeleble
Niño con seguros en todas sus puertas,
niño triste,
niño de lágrimas duras y ensimismadas.
Soledad que busca remediar lo irremediable,
pasos que te sigues,
pasos lejanos en tu mismo círculo.
Escéptico que ve la falsedad en todos tus ojos de ellos,
irrompible tu duda con cara de payaso triste,
labio tuyo que se sesga deshabitado.
Gato pobre,
gato solo,
gato inerte.
Te he buscado para sentirme más conocida,
sólo un ciego enojo dejas y mas desapegos.
Me dueles,
árbol desengañado,
árbol atado.
Se nos está acabando la inmortalidad,
bébete ahora,
despierta a las hadas del reproche,
sálvate ahora que todos duermen ya sabiéndose todo,
arma un rompe cabezas con trozos de la contradicción,
aplázate,
síguete inventando,
pronto serás animal, hombre y poeta.
Resérvate,
cuídate,
guárdate para cuando ya quieras hablar y nadie escuche,
vívete ajeno,
vívete amordazado,
la inmortalidad se nos acaba.
Vívete así, yo tampoco voy cuerda.
Apresúrate a morirte solo,
hay una niña en el espejo que también me espera.
niño triste,
niño de lágrimas duras y ensimismadas.
Soledad que busca remediar lo irremediable,
pasos que te sigues,
pasos lejanos en tu mismo círculo.
Escéptico que ve la falsedad en todos tus ojos de ellos,
irrompible tu duda con cara de payaso triste,
labio tuyo que se sesga deshabitado.
Gato pobre,
gato solo,
gato inerte.
Te he buscado para sentirme más conocida,
sólo un ciego enojo dejas y mas desapegos.
Me dueles,
árbol desengañado,
árbol atado.
Se nos está acabando la inmortalidad,
bébete ahora,
despierta a las hadas del reproche,
sálvate ahora que todos duermen ya sabiéndose todo,
arma un rompe cabezas con trozos de la contradicción,
aplázate,
síguete inventando,
pronto serás animal, hombre y poeta.
Resérvate,
cuídate,
guárdate para cuando ya quieras hablar y nadie escuche,
vívete ajeno,
vívete amordazado,
la inmortalidad se nos acaba.
Vívete así, yo tampoco voy cuerda.
Apresúrate a morirte solo,
hay una niña en el espejo que también me espera.
jueves, 9 de julio de 2009
Ciudad de Espejos
Busco una identidad más reciente,
después de superar el tedio de verme dibujada en otras caras,
el genio y la oscuridad del espejo,
el dios y la repetición,
sólo un rostro y muchos otros.
Decidí salir con mi propia imagen,
me marginaron por no ser tan humana,
caminé buscando nuevos gestos en la calle,
me encontré con que ya todos estaban repetidos,
no quedaba ninguno con un nuevo parlanchín.
Encontré la lejanía,
mejores gentes,
narices pintadas,
mejores manos.
Salí desnuda de mis otros nombres,
donde no sirven cenicientas,
en la ciudad de espejos donde no se vuelve siendo uno mismo,
donde el poema paciente espera su derrota,
donde la espina se clava en la pupila,
ahora sólo rostro y dolor de sangre.
Allí donde me sobrevivo,
donde todos saben a mí y yo sé a ellos un poco,
allí donde no soy yo sin ser ellos,
donde la anomalía se sienta triste si no encuentra quien comparta su cerebro
donde el tímpano se rompe,
como la luz que rasga el cielo,
así de sucio,
así de irónico
como mi retrato en otros,
como mi sangre compartida con medio mundo,
como la ropa que desuso y años después me requiere,
como mis lágrimas de sal que saboreo en tus mejillas,
como las figuras que no se han visto y ya se reconocen.
Allí en aquella ciudad me encontré con el monstruo de mis cuatro años,
aún sigue escondido bajo la cama,
le da miedo salir,
le teme a los hombres.
después de superar el tedio de verme dibujada en otras caras,
el genio y la oscuridad del espejo,
el dios y la repetición,
sólo un rostro y muchos otros.
Decidí salir con mi propia imagen,
me marginaron por no ser tan humana,
caminé buscando nuevos gestos en la calle,
me encontré con que ya todos estaban repetidos,
no quedaba ninguno con un nuevo parlanchín.
Encontré la lejanía,
mejores gentes,
narices pintadas,
mejores manos.
Salí desnuda de mis otros nombres,
donde no sirven cenicientas,
en la ciudad de espejos donde no se vuelve siendo uno mismo,
donde el poema paciente espera su derrota,
donde la espina se clava en la pupila,
ahora sólo rostro y dolor de sangre.
Allí donde me sobrevivo,
donde todos saben a mí y yo sé a ellos un poco,
allí donde no soy yo sin ser ellos,
donde la anomalía se sienta triste si no encuentra quien comparta su cerebro
donde el tímpano se rompe,
como la luz que rasga el cielo,
así de sucio,
así de irónico
como mi retrato en otros,
como mi sangre compartida con medio mundo,
como la ropa que desuso y años después me requiere,
como mis lágrimas de sal que saboreo en tus mejillas,
como las figuras que no se han visto y ya se reconocen.
Allí en aquella ciudad me encontré con el monstruo de mis cuatro años,
aún sigue escondido bajo la cama,
le da miedo salir,
le teme a los hombres.
El poema que nació
“Tú me recuerdas un poema que no logro recordar, una canción que nunca existió y un lugar al que jamás habría ido” (Efraim Medina Reyes)
Él nació en un día de invierno y metamorfosis como muchos otros, pero fue desdichado porque no logró las expectativas de su creador. Fue guardado en un cajón junto con otros papeles, se marginó solo. Un día sin recuerdo fue sacado del rincón oscuro, pero para robarle los pies con los que quizá podría caminar hacia alguna boca, días después su creador volvió a sacarle del cajón ya inválido y más triste, esta vez arrancó de sí los brazos y sus profundidades dejándolo casi moribundo, sólo faltaba el corazón; el que le dio imagen y letras al sentimiento, el que le dio venas a la especulación, pero ya este viejo poema guardado en el cajón no tenía la fuerza suficiente para sobrevivirse solo. Otras noches pasaron y fue nuevamente extraído del cajón, su creador lo tomó entre manos leyéndolo detenidamente, dando por hecho que esa pequeña parte que sobraba era sólo ya la imagen somnolienta del sentimiento pasado, así que le guardó nuevamente, le condenó a la cadena perpetua de la ausencia, a estar exiliado de los hombres. Así se colmaron los silencios de él y de otros rotos poemas, en una bitácora inundada de impresiones resecas, como la escuela destruida y el mendigo.
Así es como mueren los poemas,
sin entrañas y sin cabeza,
se les roba su esencia para parar en otros poemas nuevos que tocan a los hombres la naturaleza.
Así mueren los poemas viejos,
palidecidos en estepas,
fuera de la conciencia,
en el Triángulo de las Bermudas del tiempo,
en los nidos viejos de las aves muertas por ganzúa.
Él nació en un día de invierno y metamorfosis como muchos otros, pero fue desdichado porque no logró las expectativas de su creador. Fue guardado en un cajón junto con otros papeles, se marginó solo. Un día sin recuerdo fue sacado del rincón oscuro, pero para robarle los pies con los que quizá podría caminar hacia alguna boca, días después su creador volvió a sacarle del cajón ya inválido y más triste, esta vez arrancó de sí los brazos y sus profundidades dejándolo casi moribundo, sólo faltaba el corazón; el que le dio imagen y letras al sentimiento, el que le dio venas a la especulación, pero ya este viejo poema guardado en el cajón no tenía la fuerza suficiente para sobrevivirse solo. Otras noches pasaron y fue nuevamente extraído del cajón, su creador lo tomó entre manos leyéndolo detenidamente, dando por hecho que esa pequeña parte que sobraba era sólo ya la imagen somnolienta del sentimiento pasado, así que le guardó nuevamente, le condenó a la cadena perpetua de la ausencia, a estar exiliado de los hombres. Así se colmaron los silencios de él y de otros rotos poemas, en una bitácora inundada de impresiones resecas, como la escuela destruida y el mendigo.
Así es como mueren los poemas,
sin entrañas y sin cabeza,
se les roba su esencia para parar en otros poemas nuevos que tocan a los hombres la naturaleza.
Así mueren los poemas viejos,
palidecidos en estepas,
fuera de la conciencia,
en el Triángulo de las Bermudas del tiempo,
en los nidos viejos de las aves muertas por ganzúa.
martes, 7 de julio de 2009
EN DEFENSA DEL ABSURDO…
Advertir los pensamientos acobardados, en días donde el miedo es el mejor presagio para quien se atribuye ese poder casi divino.
Morder el cordón umbilical, arañar las paredes de la placenta, enviar mensajes de suplica, no dejarle dormir por las noches cuando se aproxime el sueño, esa es su única defensa y amenaza dentro de ese órgano efímero que a veces trata de ahorcarle, justo cuando ella aprieta el vientre para esconderle del prejuicio.
Por qué si una semilla comienza de repente a brotar en tu ladera no puedes cortarla si deseas? Por qué será? Tal vez el temor a que esa semilla arruine el resto de la cosecha que con tanta devoción esperas que crezca y de frutos. Esa semilla, esa pequeña semilla puede arrasar con lo que queda de tu ególatra sueño y es ahí cuando dices;
Daré vida después
O tal vez jamás,
Cuando logre descubrir
Que vivir es más que sólo un vicio
Que curará la ausencia de esta utopía.
Ensimismada y cobarde podría ser para mí negar la existencia, pero para ti podría salvaguardar el coraje, la resistencia hacia el ladrón furtivo que robo tu digna entrega al mundo, dejándote como recompensa una vida, de ti pero ajena a ti.
Escabroso abandono, medroso y osado que fortalece de nuevo el deshielo.
El abominable egoísmo te visita a diario e interviene con sus oscuros consejos, te invita a que pasees sola por las calles con apariencia incorruptible como siempre.
Presuntuosa carencia, lanzar a la feroz hambre del mundo consumible un ser humano que viene de un oscuro rincón para después ser lanzado a otro.
Morder el cordón umbilical, arañar las paredes de la placenta, enviar mensajes de suplica, no dejarle dormir por las noches cuando se aproxime el sueño, esa es su única defensa y amenaza dentro de ese órgano efímero que a veces trata de ahorcarle, justo cuando ella aprieta el vientre para esconderle del prejuicio.
Por qué si una semilla comienza de repente a brotar en tu ladera no puedes cortarla si deseas? Por qué será? Tal vez el temor a que esa semilla arruine el resto de la cosecha que con tanta devoción esperas que crezca y de frutos. Esa semilla, esa pequeña semilla puede arrasar con lo que queda de tu ególatra sueño y es ahí cuando dices;
Daré vida después
O tal vez jamás,
Cuando logre descubrir
Que vivir es más que sólo un vicio
Que curará la ausencia de esta utopía.
Ensimismada y cobarde podría ser para mí negar la existencia, pero para ti podría salvaguardar el coraje, la resistencia hacia el ladrón furtivo que robo tu digna entrega al mundo, dejándote como recompensa una vida, de ti pero ajena a ti.
Escabroso abandono, medroso y osado que fortalece de nuevo el deshielo.
El abominable egoísmo te visita a diario e interviene con sus oscuros consejos, te invita a que pasees sola por las calles con apariencia incorruptible como siempre.
Presuntuosa carencia, lanzar a la feroz hambre del mundo consumible un ser humano que viene de un oscuro rincón para después ser lanzado a otro.
Parodia de la Locura
En todas partes le veía y le oía,
era como todos los hombres en uno,
la mancha en la cama,
el lunar tras la oreja,
un calendario sin números,
el diario de todas las mañanas.
Como el chocolate amargo,
como el cordón suelto,
como toda la gente que pasa.
Se sentaba sobre la vestía,
el padre y la prostituta a la vez.
Le imaginaba jugando a las escondidas,
subido en una bicicleta de pedales viejos,
le escuchaba reír y le veía enojarse.
Se sentaba descalza esperando a que él volviera para ponerle los zapatos,
a veces corría al ver sus huellas marcadas en el pavimento.
Era todo motivo,
todo gesto.
Le veía con color de príncipe azul, sangre y piel,
cuando sentía rabia rasguñaba su espalda fría,
le escupía los pies de piedra,
Le veía colgando de los árboles con alas de cuervo,
Le veía ponerse blanco, gris.
Le sentía como aire mojado,
con la cara en el espejo,
y con la locura bajo la almohada.
El rostro pálido del homenaje póstumo,
la caricia del epitafio.
La parodia de su realidad.
era como todos los hombres en uno,
la mancha en la cama,
el lunar tras la oreja,
un calendario sin números,
el diario de todas las mañanas.
Como el chocolate amargo,
como el cordón suelto,
como toda la gente que pasa.
Se sentaba sobre la vestía,
el padre y la prostituta a la vez.
Le imaginaba jugando a las escondidas,
subido en una bicicleta de pedales viejos,
le escuchaba reír y le veía enojarse.
Se sentaba descalza esperando a que él volviera para ponerle los zapatos,
a veces corría al ver sus huellas marcadas en el pavimento.
Era todo motivo,
todo gesto.
Le veía con color de príncipe azul, sangre y piel,
cuando sentía rabia rasguñaba su espalda fría,
le escupía los pies de piedra,
Le veía colgando de los árboles con alas de cuervo,
Le veía ponerse blanco, gris.
Le sentía como aire mojado,
con la cara en el espejo,
y con la locura bajo la almohada.
El rostro pálido del homenaje póstumo,
la caricia del epitafio.
La parodia de su realidad.
Misiva de miradas
Me observa absorto desde el pequeño jardín bajo mi ventana con ojos de gato,
Pensativo,
mientras los mios se cierran con el viento agresivo sobre la cara.
No entiende mis gestos apesadumbrados,
no sospecha mi historia,
ahora sus ojos cambian a ojos de cuervo.
Ahora sola, con miedo y su mirada
Escucho el viento que viene de donde copulan las palomas.
Pensativo,
mientras los mios se cierran con el viento agresivo sobre la cara.
No entiende mis gestos apesadumbrados,
no sospecha mi historia,
ahora sus ojos cambian a ojos de cuervo.
Ahora sola, con miedo y su mirada
Escucho el viento que viene de donde copulan las palomas.
Póstumo
Ahora es sólo una replica que hasta el espejo desconoce,
pero fue el misterio de ojos risueños quien curo su espanto.
La sonrisa azulada que algún pasajero dejo olvidada en el tren de las 08:00
pero fue el misterio de ojos risueños quien curo su espanto.
La sonrisa azulada que algún pasajero dejo olvidada en el tren de las 08:00
Defensiva
Ensimismado y un poco ajeno garabatea palabras conjugadas, con una mueca pintoresca… He aquí las líneas del atolondrado bufón que quiso ponerse un nombre y terminó por contar un poema,
la improvista belleza de lo relativo.
Si es así o no,
a la contradicción no le interesa que le entiendan.
No es una condición, ni una disculpa,
Ante quién sabe qué cosa que solo a él se asemeja, siempre lleva una Idílica imagen procreada
Tarareando he inventando se le ve, comentando con hurañas y viejas labias
A cada cosa una justa reprimenda,
La saliva, va saboreando más palabras, más actos
Y entonces solo eso, nada más.
Jadeante se le contempla, se le huele tras cada acecho
A menudo se le oye trastabillando contra las paredes de la indolencia Ronroneando por todos los rincones con la rabia intacta
A un seno una mano, que morbosa evidencia
Más no es una condición siempre tener que juzgarle, repito.
Impensado es,
Le comenta a quien escucha
Le persigue con enojo a quien se aqueja
Odioso es quién le ilustra, quien le comenta
Gestándose se le encuentra a cada rato con altruista mano
Incestuosa se le hace la palabra corrupta y mal gestada que extravagante se atreve y habla
Ramera que quiere enamorarse de todos los instantes y las filosofías
Atropellar a todos los atropellos
Lamer todos los sabores del miedo y la odiosa barbarie
Dañar a todas las ironías hospedándose con ellas para matarles de madrugada, cuando la oscuridad todavía habita en cada recodo de lo incierto.
Osadía es, no condición lo que se rumora, apelar todas las santas conductas es un buen remedio.
la improvista belleza de lo relativo.
Si es así o no,
a la contradicción no le interesa que le entiendan.
No es una condición, ni una disculpa,
Ante quién sabe qué cosa que solo a él se asemeja, siempre lleva una Idílica imagen procreada
Tarareando he inventando se le ve, comentando con hurañas y viejas labias
A cada cosa una justa reprimenda,
La saliva, va saboreando más palabras, más actos
Y entonces solo eso, nada más.
Jadeante se le contempla, se le huele tras cada acecho
A menudo se le oye trastabillando contra las paredes de la indolencia Ronroneando por todos los rincones con la rabia intacta
A un seno una mano, que morbosa evidencia
Más no es una condición siempre tener que juzgarle, repito.
Impensado es,
Le comenta a quien escucha
Le persigue con enojo a quien se aqueja
Odioso es quién le ilustra, quien le comenta
Gestándose se le encuentra a cada rato con altruista mano
Incestuosa se le hace la palabra corrupta y mal gestada que extravagante se atreve y habla
Ramera que quiere enamorarse de todos los instantes y las filosofías
Atropellar a todos los atropellos
Lamer todos los sabores del miedo y la odiosa barbarie
Dañar a todas las ironías hospedándose con ellas para matarles de madrugada, cuando la oscuridad todavía habita en cada recodo de lo incierto.
Osadía es, no condición lo que se rumora, apelar todas las santas conductas es un buen remedio.
La eufórica solución.
Cuál es la eufórica solución
a lo que es tan humano,
qué perpetuidad ha de venir para compadecerse de los ajenos al mundo,
del que no hace mal porque de poco se alimenta,
de la propagación del cáncer humanoide,
del instinto que devora las entrañas de todo,
devora la memoria,
devora la compañía.
Cuál es la eufórica solución,
para la degradación,
la guerra,
el desperfecto,
para el rostro palidecido y hueco,
para la náusea que se cuela en la aversión,
en las ideas,
en los seres utópicos.
Cuál,
dime cuál es la solución,
Para que el recuerdo no se cubra de polvo,
Para que la madre superpoblada no abandone a sus hijos,
Para que no se cacen más hambres en invierno,
Para que Dios no sea más el milagro que se quedó dormido en la historia.
a lo que es tan humano,
qué perpetuidad ha de venir para compadecerse de los ajenos al mundo,
del que no hace mal porque de poco se alimenta,
de la propagación del cáncer humanoide,
del instinto que devora las entrañas de todo,
devora la memoria,
devora la compañía.
Cuál es la eufórica solución,
para la degradación,
la guerra,
el desperfecto,
para el rostro palidecido y hueco,
para la náusea que se cuela en la aversión,
en las ideas,
en los seres utópicos.
Cuál,
dime cuál es la solución,
Para que el recuerdo no se cubra de polvo,
Para que la madre superpoblada no abandone a sus hijos,
Para que no se cacen más hambres en invierno,
Para que Dios no sea más el milagro que se quedó dormido en la historia.
En la hora incierta
Hoy muere solo,
sólo un engaño,
un fabuloso reflejo de imposible apariencia,
un pestañear constante en esas horas donde reina el silencio.
Malditos labios incorruptibles,
maldito todo él,
regalo de las ausencias.
Pájaro que vuela entre el aire helado de la noche con ojos cerrados,
en la disolución de un aroma,
en la hora de la mano pasajera que besa.
En la ansiedad de la espera y la no llegada
sólo un engaño,
un fabuloso reflejo de imposible apariencia,
un pestañear constante en esas horas donde reina el silencio.
Malditos labios incorruptibles,
maldito todo él,
regalo de las ausencias.
Pájaro que vuela entre el aire helado de la noche con ojos cerrados,
en la disolución de un aroma,
en la hora de la mano pasajera que besa.
En la ansiedad de la espera y la no llegada
Suscitando lo precario
Para esos afanes llenos de transitoriedad,
para la palabra suicida que no esperó y se quedó ahorcada en la garganta,
para la prisa que no le queda más de otra que el propio olvido,
Adherente a la inexistencia.
Para el ojo,
que mira el mundo correr desde lo oculto,
para los minutos,
esos vagabundos de tiempo prestado,
para los sexos que sólo se utilizan,
sin segundo,
sin espacio.
Para el reloj que asesina los momentos,
para esos instantes irreconciliables con la memoria,
para ese cigarrillo que se consume solo,
para lo perecedero.
Para la muerte que justo ahora toca mi puerta.
para la palabra suicida que no esperó y se quedó ahorcada en la garganta,
para la prisa que no le queda más de otra que el propio olvido,
Adherente a la inexistencia.
Para el ojo,
que mira el mundo correr desde lo oculto,
para los minutos,
esos vagabundos de tiempo prestado,
para los sexos que sólo se utilizan,
sin segundo,
sin espacio.
Para el reloj que asesina los momentos,
para esos instantes irreconciliables con la memoria,
para ese cigarrillo que se consume solo,
para lo perecedero.
Para la muerte que justo ahora toca mi puerta.
Airosa imagen…
Los rostros fijos tras la ventana,
la copa de vino rasgada con un labio postergado,
la noche anterior que se marginó fría en las sábanas.
Un cuerpo de madera respirando debajo de un cuerpo con entrañas,
la puerta azul cerrada y la pasión hartándose sola,
un viejo saco tomando forma de espanto
y el cuarto cansado quejarse,
con el peso de otra noche que ya regresa.
la copa de vino rasgada con un labio postergado,
la noche anterior que se marginó fría en las sábanas.
Un cuerpo de madera respirando debajo de un cuerpo con entrañas,
la puerta azul cerrada y la pasión hartándose sola,
un viejo saco tomando forma de espanto
y el cuarto cansado quejarse,
con el peso de otra noche que ya regresa.
El Cómplice del dominio
Como una muerte joven,
cae tan bajo como la morbosa dicción de su boca,
la premura de aquello que no tiene,
es en sí mismo tan vasto que no ha de notar que la fealdad todos los días se asuma a su ventana con ojos secos.
Mientras que el retrato de dorian aún yace guardado,
Se aprovecha del tiempo.
Padece de la vigilia eterna de la carne enamorada,
es el desfile vulgar de lo vano.
La inspiración que roba de sus musas provoca el espanto,
es como la postergación de la luz y el rebose de la oscuridad.
Absurdo como su misma vida,
tan viril que todo en su mundo es reino de afrodita.
Vampiro que colma la vehemencia con piernas abiertas.
cae tan bajo como la morbosa dicción de su boca,
la premura de aquello que no tiene,
es en sí mismo tan vasto que no ha de notar que la fealdad todos los días se asuma a su ventana con ojos secos.
Mientras que el retrato de dorian aún yace guardado,
Se aprovecha del tiempo.
Padece de la vigilia eterna de la carne enamorada,
es el desfile vulgar de lo vano.
La inspiración que roba de sus musas provoca el espanto,
es como la postergación de la luz y el rebose de la oscuridad.
Absurdo como su misma vida,
tan viril que todo en su mundo es reino de afrodita.
Vampiro que colma la vehemencia con piernas abiertas.
lunes, 6 de julio de 2009
La Impugnación perfecta.
Guíame con tu mano ancestral el camino que tu dedo surca,
Déjame sobreponerme a la espera,
Deja una huella marcada en cualquier esquina y que la pueda ver,
para no haberme sola.
Sácame del ababol,
deja un consuelo a la llovizna seca,
susúrrame al oído paciencia,
en el caos del babel.
Dale a mis pisadas genio y vigor,
sustituye el temor con ambrosía,
ignora la queja tosca y las veces que te expiro en mí,
siempre has de resucitar en las cosas y en las gentes.
Deja crecer mi árbol de hojas desangradas,
déjame un papel menos anarquista en el mundo para poder ser feliz,
olvida los hombres que ahora te agonizan.
Déjame la mirada de niño,
las vos de mujer y la experiencia del añejo,
déjame al menos ventanas abiertas para poder trepar.
Tapa los oídos con fuerza ante mi mandato descarado;
“Dios existe para los inseguros y el diablo para los entusiastas”,
tú que lo puedes todo;
borra de tu memoria lo que he dicho.
Déjame que también te perdone,
por dejarme una conciencia,
un enigma que te teme.
Líbrame de otro hijo tuyo enviado a la tierra,
porque volvería a meter mi mano en su llaga.
Gracias por a veces no escuchar,
si todo fuera equidad que aburrido sería el mundo.
Déjame sobreponerme a la espera,
Deja una huella marcada en cualquier esquina y que la pueda ver,
para no haberme sola.
Sácame del ababol,
deja un consuelo a la llovizna seca,
susúrrame al oído paciencia,
en el caos del babel.
Dale a mis pisadas genio y vigor,
sustituye el temor con ambrosía,
ignora la queja tosca y las veces que te expiro en mí,
siempre has de resucitar en las cosas y en las gentes.
Deja crecer mi árbol de hojas desangradas,
déjame un papel menos anarquista en el mundo para poder ser feliz,
olvida los hombres que ahora te agonizan.
Déjame la mirada de niño,
las vos de mujer y la experiencia del añejo,
déjame al menos ventanas abiertas para poder trepar.
Tapa los oídos con fuerza ante mi mandato descarado;
“Dios existe para los inseguros y el diablo para los entusiastas”,
tú que lo puedes todo;
borra de tu memoria lo que he dicho.
Déjame que también te perdone,
por dejarme una conciencia,
un enigma que te teme.
Líbrame de otro hijo tuyo enviado a la tierra,
porque volvería a meter mi mano en su llaga.
Gracias por a veces no escuchar,
si todo fuera equidad que aburrido sería el mundo.
La tregua de la locuacidad.
No estaba ni el mínimo murmullo de su voz,
pero sí el retumbe de sus pasos detrás mío,
pasos que le piden al mundo reconocer su presencia,
pasos traviesos que quizá calman un poco el silencio de su palabra.
Auténtico como los pasos que no repite,
como un hambre nueva,
como el nacimiento,
como la muerte.
Libre de hablar frente a un mundo ajeno a lo que dice su silencio,
libre de la labia,
libre de la contradicción.
Es en sí mismo,
el día que envejece,
la tumba que espera,
el corazón que late.
Sus ojos explotan cuando le miras,
te hablan más que todas las palabras dichas sobre la tierra,
sus gestos te aprietan,
sus oídos,
sus silenciosos o caníbales oídos arrasan hasta con la caída de la pluma,
su boca se precipita,
sus vísceras se contraen y se detiene el tiempo,
más sólo un gemido hace la guerra.
pero sí el retumbe de sus pasos detrás mío,
pasos que le piden al mundo reconocer su presencia,
pasos traviesos que quizá calman un poco el silencio de su palabra.
Auténtico como los pasos que no repite,
como un hambre nueva,
como el nacimiento,
como la muerte.
Libre de hablar frente a un mundo ajeno a lo que dice su silencio,
libre de la labia,
libre de la contradicción.
Es en sí mismo,
el día que envejece,
la tumba que espera,
el corazón que late.
Sus ojos explotan cuando le miras,
te hablan más que todas las palabras dichas sobre la tierra,
sus gestos te aprietan,
sus oídos,
sus silenciosos o caníbales oídos arrasan hasta con la caída de la pluma,
su boca se precipita,
sus vísceras se contraen y se detiene el tiempo,
más sólo un gemido hace la guerra.
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