En todas partes le veía y le oía,
era como todos los hombres en uno,
la mancha en la cama,
el lunar tras la oreja,
un calendario sin números,
el diario de todas las mañanas.
Como el chocolate amargo,
como el cordón suelto,
como toda la gente que pasa.
Se sentaba sobre la vestía,
el padre y la prostituta a la vez.
Le imaginaba jugando a las escondidas,
subido en una bicicleta de pedales viejos,
le escuchaba reír y le veía enojarse.
Se sentaba descalza esperando a que él volviera para ponerle los zapatos,
a veces corría al ver sus huellas marcadas en el pavimento.
Era todo motivo,
todo gesto.
Le veía con color de príncipe azul, sangre y piel,
cuando sentía rabia rasguñaba su espalda fría,
le escupía los pies de piedra,
Le veía colgando de los árboles con alas de cuervo,
Le veía ponerse blanco, gris.
Le sentía como aire mojado,
con la cara en el espejo,
y con la locura bajo la almohada.
El rostro pálido del homenaje póstumo,
la caricia del epitafio.
La parodia de su realidad.
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wiiiiiiiiiiii se civilizo!!!! hizo blog!!!!! muy baknos sus poemas chaito se le kiere
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