Cuál es la eufórica solución
a lo que es tan humano,
qué perpetuidad ha de venir para compadecerse de los ajenos al mundo,
del que no hace mal porque de poco se alimenta,
de la propagación del cáncer humanoide,
del instinto que devora las entrañas de todo,
devora la memoria,
devora la compañía.
Cuál es la eufórica solución,
para la degradación,
la guerra,
el desperfecto,
para el rostro palidecido y hueco,
para la náusea que se cuela en la aversión,
en las ideas,
en los seres utópicos.
Cuál,
dime cuál es la solución,
Para que el recuerdo no se cubra de polvo,
Para que la madre superpoblada no abandone a sus hijos,
Para que no se cacen más hambres en invierno,
Para que Dios no sea más el milagro que se quedó dormido en la historia.
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